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 Natural y Patrón de Alcalá del Río.

 Festividad el 9 de septiembre.

 1500 años de devoción.

 

San Gregorio nace alrededor del año 472. Coetáneo de Santa Verania.

Dada la lejanía en el tiempo y la escasez de documentos, pocos datos disponemos de la vida de este Santo. Disponemos de su sepulcro, en la ermita que su pueblo le dedica desde tiempo inmemorial, así como una referencia en el Chronicon de Marco Máximo, Arzobispo de Zaragoza y casi contemporáneo de San Gregorio, en la que refiriéndose a los Santos de su época escribe: “En la España Bética, en Aguas Duras, de la jurisdicción de Constancia Julia u Osset, murió el glorioso Siervo de Dios Gregorio”.

Aguas Duras, la actual Alcalá del Río, dependía jurídicamente de Osset, el actual San Juan de Aznalfarache. Como escribió Marcos García Merchante, la existencia del sepulcro original y la tradición popular durante siglos, otorgan auténtica certeza a que fue en Aguas Duras (Alcalá de Río) donde nació, vivió y murió nuestro Santo Patrón.

Se desconocen las fuentes de donde un gran devoto de San Gregorio, el Beato Diego José de Cádiz se ilustró para dejar escrito de nuestro Santo: “desde Joven se dedicó al estudio de las ciencias y de las Sagradas Letras, que por sus buenas costumbres fue destinado a catequizar a los fieles. Fue por el Obispo elevado a Sacerdote escogido de un modo especial para el ministerio de la predicación.”

Pero fue al final de su vida, cuando San Gregorio los dedicó a una arriesgada y ferviente defensa del dogma de la Santísima Trinidad ante la entrada del arrianismo.

El arrianismo tomó su nombre de Arrio (256-336) sacerdote de Alejandría y después obispo libio, quien desde el 318 propagó la idea de que no hay tres personas en Dios sino una sola persona, el Padre. Jesucristo no era Dios, sino que había sido creado por Dios de la nada como punto de apoyo para su Plan. Arrio, tras formarse en Antioquía, difunde sus ideas en Alejandría, dónde en el 320, Alejandro, obispo de Alejandría, convoca un sínodo que reúne más de cien obispos de Egipto y Libia y en éste se excomulga a Arrio y a sus partidarios, ya numerosos. No obstante, la herejía continúa expandiéndose. A partir del Concilio de Nicea, el 20 de mayo del 325 D.C., fueron condenados los escritos de Arrio y tanto él como sus seguidores desterrados.  La derrota final del arrianismo se produce en el Concilio de Constantinopla en el año 381; mas la herejía no moriría aun por siglos y crecería en algunas tribus germánicas que habían sido evangelizadas por predicadores arrianos.

Los Visigodos trajeron el arrianismo a España y fue el rey Teudis el que la intenta implantar en Sevilla sobre el año 533; San Gregorio debía tener sobre 60 años de edad. Nuestro Patrón se convierte con sus escritos y predicaciones en un ferviente defensor del catolicismo contra la herejía arriana, a pesar del riesgo para su vida que ello suponía. Algunos tratadistas atribuyen a San Gregorio la autoría del libro “De Trinitate contra Arrianos”. Y en 1627 escribía el Licenciado sevillano Espinosa de los Monteros, refiriéndose a fuentes del año 504: “Floreció San Gregorio Bético, ya constituido en la última vejez, pero robusto en las fuerzas del cuerpo y del ánimo (…) El cual escribió un libro de la Fe, o de la Smª. Trinidad (…) Este santo es el que está enterrado en la Villa de Alcalá del Río…”

Ayuda San Gregorio con sus escritos al triunfo sobre el arrianismo en el año 586, (aunque después de su muerte) representada por el rey Recaredo cuando se convierte al catolicismo y abandona la herejía.

Aunque tradicionalmente se ha creído, por un error de traducción de la lápida funeraria, que la muerte del Santo fue el 9 de septiembre, en realidad ocurrió el día 4 de febrero del año 542 de la Era (504 d. C.). San Gregorio fue canonizado por David I, Arzobispo de Sevilla, junto a Santa Verania en el año 558 de la Era (520 d. C.). No cabe ninguna duda que desde los años posteriores a su muerte, la villa de Alcalá del Río honró como Santo a su hijo Gregorio y que su sepulcro se convirtió en lugar de veneración y refugio espiritual para su pueblo.

Lo más importante es la devoción que todo el pueblo de Alcalá del Río profesa a su Patrón San Gregorio, una realidad viva y palpitante que ha mantenido durante más de 1.500 años esta relación devocional de los alcalareños con el Santo de su pueblo.