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Imagenes cristo_1La prodigiosa y antiquísima imagen del Cristo de la Vera-Cruz, de admirable factura, nos transmite un fuerte sentimiento dramático debido a que está impregnado del espíritu renacentista y del goticismo flamenco. Algo totalmente natural si damos por supuesto que su autor fue Roque de Balduque y que su estancia en nuestra villa debió situarse entre 1557 y 1561, años en los que pudo realizar este magnifico encargo para la Hermandad de Vera-Cruz; aunque -como afirma Javier Serrano Pinteño en Primavera Ilipense de 1998- el artista pudo tener un contacto anterior con Alcalá. Sostiene este autor que la talla del Cristo pudiera ser anterior a la fecha ya señalada, debido a que en los años ya mencionados Alcalá vivía una religiosidad muy sentida y peculiar, creando con ello un modo de vida que nos ha llegado hasta nuestros días.
La maestría del autor creó una talla de espectacular realismo, que provoca a todo aquel que la contempla una devoción que lo lleva al recogimiento del alma y sentimiento de angustia por ver al Hombre en la Cruz. Este gozo de los sentidos se magnifica al observar que la talla es de tamaño algo menor al natural (la talla mide un metro y quince centímetros), lo que realza la capacidad de transmitir del escultor y que se explica porque en sus orígenes procesionaba en brazos de un clérigo, como lo refleja la primera regla de la Hermandad y Cofradía de la Santa Vera-Cruz de Sevilla, aprobadas en febrero de 1501 y reformadas en 1538. Sobre nuestras primeras reglas no tenemos documentación; pero sabemos por el Abad Gordillo, al hablar de la Vera-Cruz de Sevilla, que su institución fue tomada como ejemplo e imitación por todos los demás pueblos de esta devoción.
La talla realizada en madera conífera esta policromada y pulimentada para dar más realismo a las encarnaduras y rastros del martirio, ya que rImagenes cristo_2epresenta a Cristo muerto en la cruz; pudiéndose constatar por la caída de la cabeza sobre el hombro derecho y la lanzada sobre el mismo constado, respetando el Evangelio de San Juan (19,34). La posición que toma el cuerpo es totalmente frontal, los brazos caen por el peso del cuerpo, formando un triángulo con el patibulum. El cuerpo ejerce una gran fuerza sobre los brazos que, inmovilizados por los clavos a la cruz, hacen que el bíceps, el braquiorradial y el primer radial externo se muestren con vigor. Sus manos se presentan con un perfeccionamiento escultórico ya mencionado en el estilo de Maese Roque. Aparecen contraídas por la presión de los clavos que atraviesan la carne, exceptuando los dedos índice y corazón que, en actitud bendicente, realzan el carácter sacrosanto de tan devota imagen. Las piernas, flexionadas, provocan la tensión de los músculos que ceñidos por la piel dibujan su morfología. En cuanto a los pies, el derecho monta sobre el izquierdo; siendo la anatomía de estos tan real que en ellos se revelan los tendones de cada uno de los dedos; lo mismo que se puede observar cómo el clavo taladra la masa muscular que rompe los ligamentos de los dedos, consiguiendo que estos se separen. Son pies muy alargados y delgados; podríamos decir que enjutos, donde se aprecian las heridas y el cansancio; las uñas están claramente delimitadas en dedos de marcada osamenta.
El paño superfemoral o sudario de gracia está realizado con la técnica de los paños mojados, para así trabajar con esmero los pliegues, que son de horizontalidad no muy marcada aunque bien definidos, ciñéndose al cuerpo mediante un nudo con forma de ovalo; la caída de los lazos que de él se desprenden es vertical y sin vuelo.Imagenes cristo_4El torso esta esculpido con un cierto realismo ya que marca los pectorales, costillas y disimula el arco condrocostal a la vez que los abdominales. Su espalda nos recuerda que en un principio estuvo colgado por tres clavos de una cruz plana, con lo cual el centro de su dorso no está trabajado laboriosamente, puesto que no se dejaba ver. Sin embargo, los costados posteriores de la talla señalan el rictus del prendimiento al santo signo.

Su cabeza está inclinada y enmarcada por una cabellera de dos bucles; uno de ellos reposando sobre el pecho, mientras que el otro deja al descubierto la oreja y parte del cuello, sobre el que se ha estudiado con madurez la anatomía; constatando la tensión muscular. Su faz, trabajada sabiamente por el maestro, va dejando ver las características de un rostro hebraico, de dolor dulcificado. Su frente es pequeña, lo que se acentúa por la corona de espinas.
El ceño se presenta livianamente fruncidoImagenes cristo_3 por unas largas y finas cejas, que encuadran el encarnado de unos parpados despejados. Los ojos cerrados y oblicuos, un tanto hundidos por la prominencia de los pómulos, denotan una relajación sosegada que reflejan la paz de un descanso eterno. La nariz es rectilínea, podríamos atribuirla al estilo del perfil griego, ya que no se comba al llegar al entrecejo. Es uno de los rasgos más llamativos de su rostro, pues su fina y alargada fisonomía es sinónimo de elegancia y canon de belleza judaico. El surco supralabial se muestra relajado, ya que entreabre sus finos labios dejando escapar su último aliento y mostrando la talla de los dientes. La barba es espesa y bífida, partida por el hoyuelo del mentón. Las señales de dolor se reflejan en el oscurecimiento de la piel de pómulos y ojos, Mat. (26,67), “Entonces le escupieron en el rostro y le dieron de puñetazos. Otros le dieron de bofetadas”.
El dramatismo de la imagen no sólo se trasluce por la expresividad de su tratamiento anatómico, ni por las facciones reposadas de su rostro; sino también por el trato que de la sangre realizó su autor, que a decir verdad, no abusó de ella. En realidad nos atreveríamos a decir que aparece en su justa medida, pues no advertimos un Cristo sanguinolento. La sangre es aquí un instrumento para recordar al devoto que lo observa sus últimas congojas. La sangre que gotea por su frente, pómulos, sien y torso son causadas por la corona de espinas que le impusieron los soldados romanos para proclamarlo rey de los judíos. Se dispersan por su cuerpo como lágrimas silenciosas, que sin embargo gritan el dolor que no pronuncia con los rasgos de su cara. El sudario también esta salpicado de sangre; pero aun así se muestra inmaculado y puro. De sus rodillas se vierte la savia, por las caídas que sufrió caminando hacía el Gólgotha con el madero de nuestras infamias y pecados, sangre que fluye para limpiar nuestras conciencias. En su costado derecho aparece la llaga producida por la lanzada que le confirió el soldado romano para asegurarse de que había fenecido. Lanzada que cumplió con las sagradas escrituras, pues evitó que le quebrantaran los huesos y permitió que brotara de su costado sangre y agua.
De las sagradas manos y pies se fue derramando su sangre del mismo modo que se le escapó la vida; finos regueros que fueron acariciando sus brazos en dirección a la axila, al igual que aquellos que salían de las llagas de sus pies; arrastrándose por el madero purificando todo lo impregnado, puesto que su sangre es Cáliz de Vida.

Extraído del libro “La Hermandad de la Vera-Cruz de Alcalá del Río. Historia y Alma de una Devoción”, publicado nuestra Hermandad en octubre de 2006.

 
  • Imagenes cristo_1

Virgen de las AngustiasLa Virgen de las Angustias es una talla de vestir o candelero de tamaño natural (la talla mide 1 metro con 62 centímetros). En ella aparecen todos los grafismos que la atribuyen a la paternidad de José Montes de Oca, algunos de ellos ya esbozados anteriormente. Al contemplar la imagen, lo primero que debe destacarse de su rostro es serenidad y pureza, contrarrestada por el misterio que ocultan sus ojos, con lar largas pestañas naturales, pobladas y rizadas en el párpado superior y en el inferior pintadas con gran realismo, en los que se acumula todo el dramatismo de su semblante. Dichos ojos son exoftálmicos y de gran veracidad y brillo, puesto que están realizados en vidrio. Los párpados superiores y el surco palpebrogeniano bien marcados, refiriéndonos al geniano borde inferior de la órbita, produciendo una mirada oblicua e introspectiva; estando ésta coronada por unas cejas de correcto dibujo, rectas, gruesas y de líneas angulosas, en cuyo nacimiento se contraen dibujando surcos verticales en el ceño, que no impiden ver las formas óseas de su frente. En ésta se ha realizado un estudio anatómico muy real, distinguiendo la sien, tensando el músculo frontal y el temporal; aunque no por ello deja de presentarse como una frente de firmes contornos, despejada y femenina; en muchas ocasiones adornada por pequeños mechones de su cabello, siendo este natural, castaño oscuro y ondulado.
La nariz es recta y de proporciones generosas, aunque si la observamos frontalmente nos dibuja la ilusión de una nariz hebraica, puesto que en su trazado se presentan bien delimitadas la raíz, el dorso y la punta; siendo la primera muy estrecha y la responsable de dicho espejismo. Las aletas nasales -casi imperceptiblemente ensanchadas por el efecto del sollozo contenido están muy definidas, esbozando el surco nasolabial y dando lugar a la forma triangular del labio superior, conocido como arco del amor. Su boca es pequeña, carnosa y de contornos definidos, con el labio inferior dividido. Se nos muestra entreabierta dejando ver el tallado de unos pequeños dientes de blanca policromía.
El surco mentolabial agudiza la prominencia de su barbilla, de mentón ilustre con la peculiaridad de un profundo hoyuelo, redondeado y bien definido.virgen2
El óvalo facial se afila debido al tratamiento que se ha realizado sobre las mejillas, relajando éstas y resaltando sutilmente los pómulos. Esto se ve reforzado por la policromía de la encarnadura, siendo de una tonalidad muy natural, sonrojando las mejillas, pómulos y párpados y dando un tono más pálido al resto de las facciones. Éstas desvelan la imagen de una mujer madura, de bellísimas proporciones, en un ahogo de sollozo exento de lágrimas, debido a que aún no ha vencido el llanto, o quizás ya había derramado tantas lágrimas al contemplar el martirio de su hijo que en su alma sólo había un vacío desconsuelo. Es una angustia anunciada, pero que una madre no puede contener. Del calvario emocional de la Virgen, la Biblia apenas hace referencias, pero sí nos atestigua que estuvo presente en el tormento de Jesús (Jn. 19, 25).
El perfecto dramatismo anatómico con el que se trata el cuello nos delata la acción de reprimir el hálito de un ser angustiado, ya que los músculos contraídos de éste resaltan la escotadura; perfilando un triángulo casi perfecto y desnudando la traquea. Todo esto es debido al suspiro que reprimen sus labios.
Esta perfección anatómica esbozada en el rostro no deja olvidadas aquellas partes menos visibles, como son los pabellones auditivos, grafismo particular de Montes de Oca, que hace que estos estén perfectamente constituidos y modelados.
Sus manos son de formas llenas y definidas, con depresiones en la base de todos los dedos. Las uñas son de larga y ancha pala estilizando los dedos al llegar a su fin. Esto se ve agudizado por la larga extensión de las falanges de éstos. El dedo anular y corazón aparecen convergentes, mientras los demás se muestran con una posición más reposada. En sus manos lleva atributos marianos; en la izquierda porta rosario y rosa de pasión, que puede ser sustituida por un pequeño ramillete de flores naturales cuando es expuesta en Solemne Besamanos; y en la derecha un pañuelo de dolorosa.
La figura de la Virgen de las Angustias es esbelta y elegante, nos muestra unos contornos femeninos y delicados, siendo sus proporciones muy equilibradas.

Virgen4Su cabeza se mantiene ligeramente inclinada hacia delante, como acomodándose a la mirada de quien está orando a sus pies, sin inclinación a ningún lado. Alguien se atrevió a definirla como “la angustia misma plasmada en la madera”.
El ajuar con el que la Stma. Virgen de las Angustias se presenta al culto a largo del año se ajusta, en sus colores, al ritual litúrgico que la Santa Iglesia establece para sus ceremonias; teniendo todo ello un significado y simbolismo que hace descubrir en Ntra. Señora en dichos momentos, una expresión singular en su semblante.
Así, para la celebración de la graVirgen3n fiesta de la Virgen en su Pura e Inmaculada Concepción y la Natividad de Ntro. Señor, la Stma. Virgen viste con manto y saya bordados en oro sobre terciopelo azul celeste; mostrando en su rostro la presencia de la gracia santificante en una expresión cercana de joven madre, plena de virtudes y dones, concebida inmune al pecado. Este color no se introduce como expresión de la Liturgia hasta que su Santidad Pío IX le concede tal rango mediante la Bula “Ineffabilis Deus”, del 8 de diciembre de 1854 en la que definió solemnemente el dogma de la Inmaculada Concepción de María con estas palabras: “Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, fue, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en previsión de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios y, por tanto, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles” (Dz. 1641).
En el mes de febrero, y para la celebración de los cultos de su Solemne Novena, preside el altar ataviada con manto bordado de color granate -signo de la Pasión, el Amor y la Realeza, haciendo resaltar en su rostro la pureza y la serena majestad de su mirada-; que alterna con saya del mismo color o con la de trazado asimétrico sobre terciopelo verde musgo.
Para el periodo cuaresmal, la Virgen Santísima viste como mujer del pueblo hebreo, sin bordados ni aderezos; saya color jacinto, con cíngulo rayado de sedas y manto azul con vueltas blancas, recogido en la cintura, y sencillo aro dorado de estrellas circundando su cabeza. Con este atuendo, en el que cabe resaltar la perfección en las simetrías y pliegues de su tocado, y la singularidad de la diversidad cromática de los tejidos, la luz de su mirada intensifica la espera al pie de la cruz.
Vestida de Reina para la Salida Procesional del Jueves Santo, la solemnidad del verde oscuro de su manto decimonónico con excepcionales bordados del más puro estilo romántico y rica saya juanmanuelina hacen que su belleza sea sublime e impregnada de elevado clasicismo.
En los Cultos Mayores del Solemne Quinario al Stmo. Cristo de la Vera-Cruz, su Bendita Madre le acompaña con manto y saya en tisú blanco y bordados en oro; y verde manzana en la celebración de su anual Besamanos; acordes estos colores con la liturgia de la Pascua Florida.
La belleza de la Stma. Virgen de las Angustias se convierte en bálsamo para el dolor de sus hijos cuando en noviembre viste de negro luto, haciendo que el espíritu del crucero se consuele ante su Luz Mediadora.
Todos estos rasgos y facciones componen un ideal de belleza, tan real que parece desvelar que posee vida propia, ya que según la época del año, la luz de cada día, el color de sus ropajes y -lo que es más importante- el ánimo con la que el devoto la mire, cambia la expresión de su cara. Esto no solamente lo perciben aquellas personas que le tienen gran devoción, sino también aquellas que, ajenas a este sentimiento, se acercan a contemplarla.

Extraído del libro “La Hermandad de la Vera-Cruz de Alcalá del Río. Historia y Alma de una Devoción”, publicado nuestra Hermandad en octubre de 2006.

 
  • Virgen de las Angustias

Además del Stmo. Cristo de la Vera-Cruz y de María Stma. de las Angustias Coronada, devociones incuestionables de los cruceros, encontramos otras imágenes que sería interesante considerar.

La primera de estas sería la imagen de Santa María Magdalena, que procesiona cada Jueves Santo arrodillada a los pies del Stmo. Cristo de la Vera-Cruz. Muy poco sabemos de la talla (imagen procesional de vestir de época y autor desconocidos) que además, por las sucesivas restauraciones que ha experimentado poco tiene ya de la talla primitiva. Desde la última restauración, realizada a finales del s. XX por ntro. hno. D. José López Egreja, esta imagen presenta más expresividad en su cara y una cabellera morena tallada que ha sustituido a la cabellera natural que antes llevaba.

De la misma época del retablo de la Capilla (s. XVIII) y como partes integrantes de él, existen dos imágenes de mediano tamaño y de talla completa de San Juan y Santa María Magdalena. Estas imágenes están colocadas a ambos lados del camarín principal, completando el retablo y se han empleado en ocasiones para completar o componer el altar de Quinario.

También debemos dejar constancia de la existencia en la Capilla de la Vera-Cruz de una talla de Niño Jesús de autor y época desconocidos, y de un interesante y magnífico cuadro con la Virgen de Guadalupe, fechado en 1718, que adorna uno de los laterales de la misma. En el techo de la misma puede observarse una interesante pintura de la Asunción de la Virgen, realizada por Francisco Gómez.

Por último, hacer mención de una antigua Imagen de la Virgen, hoy desaparecida, que perteneció a esta Hermandad. Se trata de una Virgen de los Dolores de mediano tamaño que aparecía a los pies del Stmo. Cristo de la Vera-Cruz hasta la aparición de la Stma. Virgen de las Angustias. De esta talla, que debía ser de escaso valor artístico, conservamos muy pocos testimonios. En la sacristía de la Capilla de San Gregorio puede aún apreciarse un cuadro de un milagro en el que aparecen San Gregorio junto a una Virgen de los Dolores que bien pudiera ser esta de la que hablamos, ya que por aquellas fechas sólo encontrábamos en dicha Capilla una Imagen de la Virgen con esta advocación, que no era otra que la que estamos estudiando. Además, la presencia de nuestro santo Patrón en dicho cuadro nos confirma esta teoría, ya que durante mucho tiempo nuestra Hermandad tuvo una íntima relación con la Cofradía de San Gregorio, que llegó a estar unida a la nuestra al menos durante los siglos XVII y XVIII.

Es necesario destacar la vinculación histórica del Santo Patrón alcalareño con la Hermandad de Vera-Cruz, pues sabemos que desde sus primeros años se hizo nuestra Hermandad cargo de la fiesta de San Gregorio. Al parecer, esta vinculación con el Santo Patrono derivaba de la mencionada fusión entre ambas cofradías. El Padre D. Marcos García Merchante dice, en una anotación al margen de uno de sus manuscritos, que en 1611 “aún estaba la Cofradía de San Gregorio agregada a la de Vera-Cruz”. Encontramos otros datos similares en documentos de 1652, 1653, 1674, 1689, 1700, 1701, etc. Las últimas noticias que tenemos de esta relación datan de 1819 y 1893, cuando hermanos cruceros promueven sendos expedientes para que San Gregorio tenga cultos y misa propia.