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JUEVES SANTOS VENIDEROS

Los Armaos.

Historia de la vida de los legionarios romanos, que 2000 años después alegóricamente desfilan detrás del Stmo. Cristo de la Vera-Cruz, rindiéndole pleitesía y devoción.

 

Colaboración de nuestro Hermano D. Isaac Bernal Velázquez

“Verdaderamente era el Hijo de Dios”

Del legionario romano a los Armaos del Stmo. Cristo. Soldados rudos, fieros, curtidos en las batallas, temieron en gran manera, y dijeron: “Vere Dei Filius erat iste”

La vida en la Roma del siglo I no transcurría entre paisajes y tupidos jardines, palacios de mármol, altas columnas y un cómodo almuerzo reclinados en un “Triclinia” saboreando frutas y asados, esclavos tocando música… … nada más lejos de la realidad, esa situación la disfrutaban, si acaso, unos cuantos elegidos, un bajísimo porcentaje de la población.

La vida en la Roma del siglo I era muy dura. La muerte acechaba a todos y en todos los estratos sociales, principalmente en los más bajos. La mayoría de los hombres libres vivían al día, sin trabajo ni nada que llevarse a la boca y a veces incluso era mejor ser esclavo, según de quien.

El ejército Romano del Siglo I estaba formado por hombres violentos y rudos que venían huyendo de esta situación de extrema pobreza y dispuestos a lo que fuese necesario para asegurarse una vida, por entonces, digna.

Un “Armao” Romano se comprometía a 25 años de servicio a cambio de paga y jubilación (el que llegase); podían ganar 1 denario al día, más o menos lo que podía ganar un comerciante o artesano de nivel medio. Tenían derecho a una pequeña parte de los botines adquiridos en campaña, administrados por Cónsules, generales y “cuestores”. Cuando cumplían 25 años de servicio, solo el 50% de los alistados, se licenciaban con una especie de “jubilación” que consistía en la cesión de tierras del estado y un porcentaje de las “pagas” retiradas y acumuladas en los años de soldado. No podían casarse y de estarlo, su matrimonio quedaba “en suspenso” hasta licenciarse.

Pero, y mientras que servía en el ejército, ¿cómo era la vida cotidiana del soldado?, ¿cómo era la vida de cualquiera de nuestros Armaos?

Casco de las legiones romanasDurante 4 meses los reclutas eran sometidos a un entrenamiento implacable. Al finalizar de este periodo los supervivientes y aptos ya podían llamarse soldados “milites”. Se les enseñaba a desfilar y a marchar días, forzándolos al máximo hasta ser capaces de recorrer 20 millas romanas (30 km) en solo cinco horas cargados con todo su equipo (más de 20 Kg de armas y armaduras, utensilios de cocina, estacas para la empalizada, instrumentos para cavar y provisiones para varios días).

También hacían carreras, saltos, equitación y natación. Una vez en buena forma física comenzaba la instrucción en el manejo de las armas: aprendían a atacar con espadas de madera y un escudo de mimbre que pesaban el doble de lo normal. Entrenaban el lanzamiento de jabalinas, los movimientos y posiciones de combate y posteriormente al uso del armamento real, “gladius”, “Pilum” o “scutum”. 25 años de entrenamiento bélico continuo que incluía maniobras, traslados e incluso la toma de objetivos menores a modo de “Ensayo para la guerra”.

El sistema disciplinario, ya severo cuando las legiones se reclutaban de entre ciudadanos libres que servían al estado por lealtad; aumentó en brutalidad cuando el ejército se convirtió en una fuerza profesional, formada en su mayoría por lo peor de la sociedad romana (los “proletarii”).

El silencio y la férrea disciplina se practicaban en cualquier momento y circunstancia, cada Centurión (comandante de una centuria de unos 70 hombres) solía portar una vara hecha del sarmiento de una parra, el “vitis”, que se utilizaba frecuentemente para el “Castigatio” o apalear a los culpables de las faltas más leves. Había castigos que vejaban o humillaban al soldado. “Munerum indictio” consistía en realizar los trabajos más bajos (letrinas, establos, etc.). El “Fustiatium” se aplicaba a aquel soldado que dormía en una guardia el cual era flagelados o apaleados (hasta la muerte en periodo de campaña militar) por sus propios compañeros cuya vida habían puesto en peligro. La Pena de Muerte se aplicaba en menor medida; pero en Campaña militar, era habitual aplicarla en los que huían del combate, siendo ajusticiados, crucificados o arrojados a las bestias salvajes. “Decimatio” es el castigo más famoso y cruento. Era impuesto a unidades que abandonaban la batalla ignominiosamente o que se revelaban contra sus Generales, Cónsules o la misma Roma. Consistía en “seleccionar” mediante un sorteo, una décima parte de los soldados (1 de cada 10), ejecutándolos inmediatamente. Por supuesto, frente a ninguno de los castigos, se tenía la oportunidad de apelar. La vida de cualquier soldado Romano en cualquier rincón del Imperio, era muy dura, pero podía ser peor aún…

Algunas Legiones tenían “peor suerte” siendo destinadas a zonas hostiles, por su clima, situación geográfica o porque, rechazados por el pueblo conquistado, tenían que “pelear por el salario” día a día, entre revueltas y tumultos. Uno de estos destinos era Judea…

En el Jerusalén del año 30 o 33 de nuestra era, en vísperas de la Pascua Judía que, como cada año, se celebraba con la Primera Luna de Nisán (1ª luna de la primavera). Fue, probablemente una Decuria, quizás algunos más, de aquellos rudos guerreros; la que obedeciendo la orden de su Centurión, sin temor, dudas, escrúpulos o remordimiento alguno; burlaron, torturaron y crucificaron a nuestro Santísimo Cristo de la Vera Cruz, en una colina llamada "Golgota" y que todo conocemos por el monte Calvario.

Y fue allí, en el momento en que nuestros Santísimo Cristo clamó a Dios nuestro Señor: “Elí, Elí ¿lama sabactani?“ Y entregó su espíritu. Cuando las tinieblas se cernieron sobre la tierra y esta tembló, y las rocas se partieron, se abrieron los sepulcros, y el Velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo…

… aquel Centurión, y todos los soldados bajo su mando, sus hombres, rudos, entrenados, fieros, acostumbrados a lo peor, curtidos en la batalla: “…temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.” (Mateo 27-54)

Aquí, en Alcalá del Río, cada Jueves Santo, desde hace cinco, una Decuria de Legionarios Romanos comanda por su Centurión, rinde Honores tras el paso de nuestro Santísimo Cristo de la Vera-Cruz.

Observaras caras constreñidas, serias, rudas, en tensión; verás que llevan el “Pilum” en su mano derecha y se aferran al “Gladius”, la espada, con la izquierda. Emulando a aquellos Armaos de Roma, solo obedecerán la orden de su oficial y, aunque te suenen sus caras, no serán los mismos hermanos que habitualmente conoces…

No, no lo son.

En nuestros Armaos, encontraras la alegoría de aquellos soldados que burlaron, torturaron y crucificaron, entre risas e improperios, al Santísimo Cristo de la Vera Cruz.

Armaos romanos que 2000 años después, siguen marchando y escoltando a Cristo en la Cruz, rindiéndole pleitesía y devoción; y que, a la orden de su Centurión, al unísono, clavarán la rodilla en tierra y agacharán servilmente su cabeza, entre llantos, reconociendo, en clara profesión de Fe:

“Verdaderamente tú, Cristo de la Vera+Cruz, eres el hijo de Dios

 

D. Isaac Bernal Velázquez